
Poco a poco voy dejando en este blog pequeños detalles de cómo y quién soy. Se va dibujando poco a poco un retrato de mi y dejándolo por escrito (de alguna forma extraña) me estoy conociendo más a mi misma. Hoy comparto con vosotros otro pedacito...
Soy hija de padres separados y creo que eso, de alguna forma, me ha marcado. Cuando ellos se separaron yo ya tenía 16 años (por lo que ya no era ninguna niña), pero en algunos momentos si que me sentí como si lo fuese, porque me sentí triste, sola y desamparada, sin que pudiese hacer nada para remediarlo.
Yo siempre he tenido con mi padre una relación muy especial. Y cuando se separaron fue mi padre quien dejó nuestra casa, porque era lo más lógico o lo que ellos pensaron era lo mejor para mi. Aun recuerdo ese sentimiento de abandono que tuve, esa sensación de soledad aun estando acompañada por mi madre. Ese anhelo por irme con él, allí donde fuese (no me importaba donde), porque para mi el hogar era él y sin él en nuestra casa me sentía extraña. Lloraba a solas, en el jardín, en mi habitación, echándolo de menos en cada momento y aun ahora, cuando me acuerdo, se me hace un nudo en la garganta.
Fueron días duros en los que se hizo evidente, lo que hasta entonces no sabia, mi madre y yo no conectábamos, los desencuentros fueron continuos y muy desagradables... Ella se olvidó de mi totalmente, le daba igual como podía sentirme yo, solo le importaba ella...yo intentaba ayudarla, pero no sabia y ella me recriminaba que era “igual que mi padre”... Lo intenté, no tengo dudas en cuanto a eso, pero no lo conseguí, eso también lo sé y me duele. En esos meses tan confusos mi padre acabó por darse cuenta que yo solo podía vivir con él, que le necesitaba, y yo se lo imploraba con lagrimas y palabras. Hasta que un día volvió conmigo y me dio toda esa estabilidad que tanto necesitaba para poder continuar mi vida, que se había quedado “en suspenso” desde que se fue.
Ese tiempo juntos nos enseñó mucho a los dos, nos apoyamos. Él abandono su papel de padre, para ser padre y madre a la vez, dándome todo su cariño, ayudándome a cicatrizar mis heridas recientes y construyendo los cimientos de la persona que soy hoy.
Nuestra relación ha cambiado, ha evolucionado. Llegó un día en que me di cuenta que mi padre no era el Padre Todopoderoso que yo pensaba, sino que también era un hombre, con sus cosas buenas y sus miserias, y me costó darme cuenta de que no era perfecto, de que era humano. Pero ahora lo puedo ver en toda su realidad y me gusta, porque yo tampoco soy perfecta y porque lo quiero con sus defectos y sus virtudes. Es incondicional mi amor hacia él, hacia el padre, hacia el hombre.
La relación con mi madre, en cambio, sigue igual. Hemos pasado épocas mejores y otras peores. Ahora estamos en la peor, llevamos dos años sin saber la una de la otra. Y es triste, la verdad, pero más triste me resultaba darme cuenta que parece que no le importo, que solo se preocupa de ella, que hasta diría que no me quiere, aunque prefiero pensar que algo debe sentir por mi, pero no sabe canalizarlo correctamente.
Ahora que me estoy planteando ser madre, me pregunto si podré tener una relación sana con mis hijos, si conectaremos, si seremos capaces de querernos y comunicarnos . Así que por una parte me da miedo, pero por otra creo que todas esas dificultades me han hecho aprender mucho y me siento preparada para afrontar esta nueva etapa de mi vida. Además tengo la suerte de estar acompañada por Mijota, que es mi complemento y mi alegría, y sé que con él, todo es posible.
Soy hija de padres separados y creo que eso, de alguna forma, me ha marcado. Cuando ellos se separaron yo ya tenía 16 años (por lo que ya no era ninguna niña), pero en algunos momentos si que me sentí como si lo fuese, porque me sentí triste, sola y desamparada, sin que pudiese hacer nada para remediarlo.
Yo siempre he tenido con mi padre una relación muy especial. Y cuando se separaron fue mi padre quien dejó nuestra casa, porque era lo más lógico o lo que ellos pensaron era lo mejor para mi. Aun recuerdo ese sentimiento de abandono que tuve, esa sensación de soledad aun estando acompañada por mi madre. Ese anhelo por irme con él, allí donde fuese (no me importaba donde), porque para mi el hogar era él y sin él en nuestra casa me sentía extraña. Lloraba a solas, en el jardín, en mi habitación, echándolo de menos en cada momento y aun ahora, cuando me acuerdo, se me hace un nudo en la garganta.
Fueron días duros en los que se hizo evidente, lo que hasta entonces no sabia, mi madre y yo no conectábamos, los desencuentros fueron continuos y muy desagradables... Ella se olvidó de mi totalmente, le daba igual como podía sentirme yo, solo le importaba ella...yo intentaba ayudarla, pero no sabia y ella me recriminaba que era “igual que mi padre”... Lo intenté, no tengo dudas en cuanto a eso, pero no lo conseguí, eso también lo sé y me duele. En esos meses tan confusos mi padre acabó por darse cuenta que yo solo podía vivir con él, que le necesitaba, y yo se lo imploraba con lagrimas y palabras. Hasta que un día volvió conmigo y me dio toda esa estabilidad que tanto necesitaba para poder continuar mi vida, que se había quedado “en suspenso” desde que se fue.
Ese tiempo juntos nos enseñó mucho a los dos, nos apoyamos. Él abandono su papel de padre, para ser padre y madre a la vez, dándome todo su cariño, ayudándome a cicatrizar mis heridas recientes y construyendo los cimientos de la persona que soy hoy.
Nuestra relación ha cambiado, ha evolucionado. Llegó un día en que me di cuenta que mi padre no era el Padre Todopoderoso que yo pensaba, sino que también era un hombre, con sus cosas buenas y sus miserias, y me costó darme cuenta de que no era perfecto, de que era humano. Pero ahora lo puedo ver en toda su realidad y me gusta, porque yo tampoco soy perfecta y porque lo quiero con sus defectos y sus virtudes. Es incondicional mi amor hacia él, hacia el padre, hacia el hombre.
La relación con mi madre, en cambio, sigue igual. Hemos pasado épocas mejores y otras peores. Ahora estamos en la peor, llevamos dos años sin saber la una de la otra. Y es triste, la verdad, pero más triste me resultaba darme cuenta que parece que no le importo, que solo se preocupa de ella, que hasta diría que no me quiere, aunque prefiero pensar que algo debe sentir por mi, pero no sabe canalizarlo correctamente.
Ahora que me estoy planteando ser madre, me pregunto si podré tener una relación sana con mis hijos, si conectaremos, si seremos capaces de querernos y comunicarnos . Así que por una parte me da miedo, pero por otra creo que todas esas dificultades me han hecho aprender mucho y me siento preparada para afrontar esta nueva etapa de mi vida. Además tengo la suerte de estar acompañada por Mijota, que es mi complemento y mi alegría, y sé que con él, todo es posible.
Claro que vas a ser una buena madre.Eso ni lo dudes.Ánimo y sigue adelante.
ResponderEliminarGracias Rick!! Desde luego pondré todo de mi parte para ello. Un abrazo!
ResponderEliminar