
Esto de que facebook es un fenómeno social no se le escapa a nadie. Depende mucho de la edad, el tipo de página que utilices. Si eres adolescente, lo tuyo es Twitter o Tuenti (en el caso de que aún exista). Pero si tienes más de 25 lo tuyo es Facebook, como es mi caso. En fin, hasta para esto la edad marca jejeje
Mi historia con esta red social empezó a raíz de nuestra boda, hasta entonces la verdad es que no me había preocupado mucho por enterarme de que iba. El caso es que algunos de nuestros invitados colgaron en esta pagina las fotos que hicieron, y para verlas, me tuve que dar de alta. Desde entonces, en mayor o menor medida he ido actualizando mi perfil y conectándome de vez en cuando.
No soy una de esas personas que está enganchado y actualizando su estado cada poco tiempo, en plan: “acabo de desayunar, que bueno el zumo” o “me acabo de encontrar a Luisito, que alegría”, etc, etc... Pero de vez en cuando me gusta poner un comentario y contribuir así de alguna forma a socializarme con mi grupo, sin mucho esfuerzo.
Lo que peor llevo es esto de que gente que no ves en años (y cuando digo años, me refiero a muchos), compañeros del colegio, de la guardería, de un día que tomamos un café, me solicitan “ser mi amigo”. No es que lo que pongo en Facebook sea muy privado (soy consciente de la debilidad de la privacidad de la página), pero no me apetece que gente con la que no tengo nada de contacto (por mucho que lo hayamos tenido antes) tenga acceso a mis fotos, mis comentarios sobre mi estado o mi pocoyo personalizado (por poner un ejemplo). Así que le doy a “ignorar” y la verdad es que tengo cargo de conciencia cada vez que lo hago. Que poco sociable (pienso)... Pero, vamos, que pienso ser firme en eso, porque no estoy dispuesta a ceder ni a acabar yendo a una cena de antiguos alumnos del colegio, ni nada parecido. No me van nada esos saraos, y desde que apareció Facebook se han reproducido como setas.
Lo que si he de reconocerle al invento, es que gracias a él, el contacto con seres queridos (que de otra forma sería menor)es mucho más continuado. Y puedo saber, por ejemplo (en tiempo real) que mi prima se ha cambiado el color de pelo o que ha ido a un concierto de Michael Bubble. Cosas que de otra forma no comentas por teléfono, porque el tiempo es finito y las facturas kilométricas, y en nuestro caso la distancia es grande (ella vive en Londres y yo en Madrid).
Para acabar, lo que más gracia me hace son los grupos!! Con algunos de ellos me parto, por la frase ingeniosa de turno, y otros de ellos me parecen muy prácticos para encontrar gente con los mismos gustos y aficiones. Lo más curioso es que a través de los grupos a los que te vas agregando alguien se puede hacer una impresión de cómo eres. Seguro que hay alguien que lo está estudiando...jeje. Si es que hay gente “pa” “tó”.
Mi historia con esta red social empezó a raíz de nuestra boda, hasta entonces la verdad es que no me había preocupado mucho por enterarme de que iba. El caso es que algunos de nuestros invitados colgaron en esta pagina las fotos que hicieron, y para verlas, me tuve que dar de alta. Desde entonces, en mayor o menor medida he ido actualizando mi perfil y conectándome de vez en cuando.
No soy una de esas personas que está enganchado y actualizando su estado cada poco tiempo, en plan: “acabo de desayunar, que bueno el zumo” o “me acabo de encontrar a Luisito, que alegría”, etc, etc... Pero de vez en cuando me gusta poner un comentario y contribuir así de alguna forma a socializarme con mi grupo, sin mucho esfuerzo.
Lo que peor llevo es esto de que gente que no ves en años (y cuando digo años, me refiero a muchos), compañeros del colegio, de la guardería, de un día que tomamos un café, me solicitan “ser mi amigo”. No es que lo que pongo en Facebook sea muy privado (soy consciente de la debilidad de la privacidad de la página), pero no me apetece que gente con la que no tengo nada de contacto (por mucho que lo hayamos tenido antes) tenga acceso a mis fotos, mis comentarios sobre mi estado o mi pocoyo personalizado (por poner un ejemplo). Así que le doy a “ignorar” y la verdad es que tengo cargo de conciencia cada vez que lo hago. Que poco sociable (pienso)... Pero, vamos, que pienso ser firme en eso, porque no estoy dispuesta a ceder ni a acabar yendo a una cena de antiguos alumnos del colegio, ni nada parecido. No me van nada esos saraos, y desde que apareció Facebook se han reproducido como setas.
Lo que si he de reconocerle al invento, es que gracias a él, el contacto con seres queridos (que de otra forma sería menor)es mucho más continuado. Y puedo saber, por ejemplo (en tiempo real) que mi prima se ha cambiado el color de pelo o que ha ido a un concierto de Michael Bubble. Cosas que de otra forma no comentas por teléfono, porque el tiempo es finito y las facturas kilométricas, y en nuestro caso la distancia es grande (ella vive en Londres y yo en Madrid).
Para acabar, lo que más gracia me hace son los grupos!! Con algunos de ellos me parto, por la frase ingeniosa de turno, y otros de ellos me parecen muy prácticos para encontrar gente con los mismos gustos y aficiones. Lo más curioso es que a través de los grupos a los que te vas agregando alguien se puede hacer una impresión de cómo eres. Seguro que hay alguien que lo está estudiando...jeje. Si es que hay gente “pa” “tó”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario