viernes, 27 de agosto de 2010

Camino de Santiago. 4ª Etapa: Arzua_O Pedrouzo

Empezamos temprano, como siempre. Era una etapa corta y no demasiado exigente. Así que llegamos a buena hora al pueblo y lo que más nos costó fue encontrar el albergue (Edreira), porque estaba un poco metido en el campo (con lo cansado que estás, llegar hasta ahí se compara con una travesía por el desierto) y cuando llegas después de la etapa lo que menos quieres es tener que seguir andando.

Resultó ser un albergue bastante nuevo, pero fue el más caro de cuantos estuvimos, y no encontramos que hubiese diferencias entre unos u otros. El mejor, en todo caso, fue el Ferramenteiro de Portomarin, no me cansaré de repetirlo.




Después de la ducha, nos acercamos a un puesto de la Cruz Roja que había a la entrada del pueblo, para que trataran a Mijota de unas picaduras que tenían muy mala pinta y que creemos procedían de unos bichitos que vivían en el saco de dormir que nos dejó Pepelotas para el camino. Deben ser bichitos muy resistentes porque siguen vivos desde que nuestro amigo estuvo en Islandia el verano pasado. Todo un misterio esto de las picaduras.



Por la noche estuvimos en la misa del peregrino que oficiaban en la iglesia del pueblo. Resultó muy emocionante porque nos encontramos con unos peregrinos franceses que venían desde el pueblo en el que vive mi abuela; Cahors. Eran personas muy mayores que viajaban en grupo. El caso es que el cura resultó de lo más singular, ofició la misa en español e ingles e incluso rezó el padre nuestro en gallego porque nos explicó que al Señor hay que rezarle esta oración en el idioma de cada uno, porque de esta forma lo hacemos con más corazón y más directamente.



Durante toda la misa no dejó de animarnos a que cantásemos si así lo queríamos, pero se encontró con un publico tímido. Insistió varias veces a los peregrinos de Cahors, pero creo que no entendían muy bien su ingles, porque cuando acabó la misa y el cura ya se estaba retirando, se lanzaron a cantar (debían ser un coro, porque la hacían estupendamente) y a mi me gustó tanto que hasta me emocioné. Se me hizo un nudo en la garganta y se me empañaron los ojos. No sé por qué la verdad, quizás la iglesia tan pequeña, el cura tan dispuesto y animoso, los gentiles peregrinos de Cahors que cantaron como los ángeles, quizás todo ello unido. El caso es que me resultó una escena de lo más bonita y la que espero recordar siempre.

Para finalizar un día perfecto dimos con un restaurante donde pudimos saciar nuestro antojo de carne y dimos cuenta de unas viandas exquisitas. Después, nuevamente a dormir pronto que mañana tocaba Santiago. Nos esperaba un día emocionante, sin duda.

No hay comentarios:

Publicar un comentario