Así que aquí estoy de vuelta, dispuesta a contar nuestro Camino (o lo que me acuerdo de él), porque cometí el error de no ir apuntando nuestras vivencias y mi memoria es de “Pez”.
1ª Etapa: Sarria-Portomarin.
La salida la hicimos desde Madrid en tren (coche-cama), que nos resultó de lo más cómodo, porque salimos a las 22:30 y llegamos a Sarria a las 6:35, con lo que era la hora perfecta para empezar a andar y al ser literas solo para dos, íbamos solos y teníamos más intimidad. Un acierto, desde luego!
Un vez en Sarria pusimos nuestro primer sello en la estación y empezamos a andar. Nuestras primeras sensaciones fueron buenísimas, estaba saliendo el sol y la temperatura era fresquita, los campos estaban como “acolchados” por un manto de bruma que ofrecía un paisaje como de cuento y nos empezábamos a encontrar con peregrinos que, como nosotros, seguían su camino hacia Santiago.
Nada más salir del pueblo nos encontramos con dos chicos que iban totalmente vestidos de romanos, iban de lo más auténticos, con su petate y todo. Lo que más nos llamó la atención fue que para caminar llevaban las típicas sandalias romanas. Vamos, que no le faltaba detalle al disfraz!. La gente se iba haciendo fotos con ellos y Mijota también quería que nos la hiciésemos, pero a mi me daba mucha vergüenza. Es una lastima no tener recuerdo grafico, pero en la mente queda.
El paisaje que nos fuimos encontrando fue fantástico, mucho campo y contrastes que hacían el camino mucho más ameno. Nos llamó la atención que el número de peregrinos era menor del que esperábamos y en muchos tramos fuimos caminando solos. Cuando nos encontrábamos con gente, empezamos a practicar el “buen Camino” que es el saludo que allí se utiliza cuando nos vamos encontrando entre nosotros. Me pareció una expresión muy bonita y desde entonces nosotros también fuimos deseando a los demás peregrinos un “Buen Camino”, que de alguna manera, parecía que te unía al resto de caminantes.
En ese primer día el ritmo que tuvimos fue muy bueno, fuimos “adelantando” a bastante gente y no nos sentíamos cansados. No sería igual en los siguientes días, como sospechábamos, pero en ese momento nos sentimos esperanzados de que no sería tan duro como pensábamos. Que equivocados estábamos! Nos faltaban 4 días más para comprobarlo.
Por el camino le compramos a una señora unos bastones que vendía en su casa, que parecían hechos por ella misma. Muy artesanales. Desde ese momento se convirtieron en compañeros fieles de nuestra aventura.
En uno de los pequeños caminos, cubiertos totalmente por los árboles (no llegaba la luz del sol) nos encontramos con un señor y una señora que paseaban un buey descomunal, que nos impresionó muchísimo. No volvimos a ver otro igual durante todo el camino. Realmente gigante, ese buey!!
Y así pasito a pasito, seguimos compartiendo con el resto de caminantes la primera etapa (para nosotros). Recuerdo con especial cariño una madre y un hijo (de unos 12 años o menos) que caminaban juntos y me enterneció ver como charlaban y luego en el mismo albergue que nosotros, se preparaban con mucha complicidad para el siguiente día. Nos los volvimos a encontrar en otras ocasiones.
También me acuerdo de un señor mayor que se veía venía de muy lejos y que necesitaba de dos bastones para poder caminar. Cada paso era un esfuerzo y supongo que doloroso, pero el hombre seguía uno tras otro, sin parar. Esto debe ser lo que llaman fe. Nos volvimos a encontrar con el señor en Santiago y me alegró ver que había llegado bien y se le veía contento. No era para menos.
El final de la etapa fue llegar a Portomarín, para mi el mejor pueblo de los que estuvimos. Está totalmente bañado por el Rio Miño, como en un alto. Y cuando vas llegando te queda una perspectiva preciosa del pueblo, con el río a los pies.
Elegimos un albergue estupendo (Ferramenteiro) y por la tarde paseamos por Portomarin y probamos el primer Pulpo del Camino, que me dejó impresionada por lo bueno y tierno que estaba. Solo de recordarlo se me está haciendo la boca agua.
Después de cenar, nos retiramos a descansar temprano y nos dimos unos masajes en los pies, para prepararlos para el día siguiente. Esto y quedarse dormidos era todo una, así que hasta el día siguiente.
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